Sunday, February 2, 2014

Quillacollo comienza a trabajar en su patrimonio

Luego de tres meses de la promulgación de la Ley del Patrimonio Cultural del Departamento de Cochabamba, que dispone la protección, conservación y puesta en valor de los bienes tangibles e intangibles del patrimonio cultural y tras varias llamadas de atención por parte de la Dirección de Culturas de la Gobernación; la Alcaldía de Quillacollo comenzó a mostrar indicios de preocupación ante el abandono de varios de sus sitios arqueológicos.

El morro de Sierra Mokho, las Qollqas de Cotapachi y el morro de Piñami son tres importantes espacios de manifestación histórica y cultural con los que cuenta este municipio, que después de más de tres años de abandono, mediante la Dirección de Turismo, se comienza a trabajar en políticas de resguardo y restauración.

Por ejemplo, el morro arqueológico de Piñami, ubicado en el barrio de Quechisla, fue destruido en más del 50 por ciento, debido al asentamiento de familias mineras que llegaron desde Oruro para urbanizar el lugar. “Sacaron tierra del morro para hacer adobes, pensando que se trataba de un morro natural, pero no sabían que se trataba de un montículo arqueológico”, explicó el arqueólogo, David Pereira.

Al momento, este montículo se encuentra enmallado y cuenta con un tinglado que lo protege de la lluvia para evitar su deterioro; tiene además una pequeña construcción con miras a convertirse en un centro turístico, pero aún está descuidado.

Sin embargo, el director de Turismo de la Alcaldía de Quillacollo, Edgar Vargas, manifestó que en el morro de Piñami se trabaja en la expropiación del último terreno de 300 metros de los cuatro lotes en los que se encuentra el sitio arqueológico, a fin de implementar un proyecto en tres fases, de las que la primera, ya trabajada, consiste en construir salones de exposición.

Asimismo, otro de los sitios arqueológicos del municipio, Sierra Mokho, en la última semana ha sufrido la intervención de maquinaria pesada que ha retirado del lugar material agregado, sin tener el cuidado necesario lo que ha provocado el daño del morro, explicó Pereira, al tiempo de aclarar que la construcción del museo del lugar lleva alrededor de tres años sin conclusión.

Al respecto, Vargas explicó que el municipio de Quillacollo ya contrató el servicio de un sereno, encargado del cuidado del morro de antisociales que robaron, pintarrajearon y destrozaron la obra; y un guarda sitio que se encarga del cuidado en el día. “Son mano de obra calificada”, aseveró el funcionario, agregando que el lugar ya cuenta con una cámara de seguridad, como “ojo vivo” para evitar que antisociales destruyan el mismo.

Vargas aclaró que en los próximos días la obra gruesa donde se prevé funcione el museo de Sierra Mokho, será usada “para darle función social”, por la banda municipal de Quillacollo de forma temporal para que allí pueda realizar sus ensayos. Agregó que la firma de un convenio de la Federación de Artesanos de Quillacollo con la misma organización a nivel nacional, está en marcha para montar en el lugar un taller de exposición y capacitación de artesanías típicas de Quillacollo.

En relación a las Qollqas, el lugar de almacenamiento de semillas y maíz más grande de Cochabamba en la época incaica, el funcionario dijo que la semana pasada se realizó una inspección, determinando la construcción de una nueva infraestructura a concluirse en mayo, que compone 10 qollqas más, un centro ceremonial y el portal de ingreso.

Aplicación de la ley

Según Pereira, el primer paso para lograr el cumplimiento de la Ley del Patrimonio es generar una difusión masiva a toda la población, además de crear un plan estratégico de cinco a diez años en restauración, cuidado y construcción de espacios necesarios, en un trabajo articulado con oficinas de cultura y turismo de los diferentes municipios con la Gobernación.

“La aplicación de la Ley es un proceso que hay que hacerlo de a poco, con una acción y determinación fuerte para que tenga efecto, sino se convertirá en una ley que nadie cumple ni se hace cargo y el patrimonio seguirá abandonado”, dijo Pereira.

Crecimiento de la mancha urbana destruye patrimonio

Sin duda alguna, uno de los principales problemas en la preservación de los sitios arqueológicos del departamento, es el crecimiento desmedido de la mancha urbana, con el desarrollo de la población de manera horizontal, que ha provocado que varios sitios arqueológicos desaparezcan.

Colcapirhua es un ejemplo claro de esta situación, ya que según el arqueólogo David Pereira, la población entera se encuentra edificada sobre montículos que desaparecieron por la proliferación de casas en el lugar.

Bruno Mokho constituye uno de los morros que con el paso del tiempo y el rápido desarrollo humano desapareció, debido a la edificación de una casa con características modernas, según se constató en un registro del lugar.

“Detrás de las urbanizaciones están los loteadores que trafican y negocian tierras, como un bien ganancial para hacer negocios”, agregó Pereira.

El arqueólogo pidió que los municipios defiendan el valor sustancial de estos espacios y que comiencen a aplicar políticas de cuidado y preservación de estos lugares, en el marco de la nueva Ley del Patrimonio Cultural del departamento.

Reducido presupuesto para la investigación

El presupuesto económico para la exploración de sitios arqueológicos constituye uno de los primeros tropiezos con los que se enfrentan los municipios, universidades y arqueólogos que deciden dedicarse a este trabajo, ya que “el Gobierno no le da mucha importancia a estos temas”, explicó el arqueólogo, David Pereira.

Pereira aclaró que la mayor parte del tiempo, los investigadores dependen y se ven en la necesidad de buscar organismos internacionales para poder encarar trabajos de exploración, investigación y restauración de varios sitios arqueológicos con gran valor histórico y cultural.

Además, agregó que con la promulgación de la Ley del Patrimonio, y su aplicación de forma inmediata, el Gobierno central, en un trabajo coordinado con la Dirección de Culturas de la Gobernación y los 47 municipios en Cochabamba, tendrá que disponer de nuevos montos económicos en sus Programas Operativos Anuales (POA), a fin de invertir en el resguardo y cuidado de estos espacios distribuidos a lo largo del departamento.

“Tenemos que esperar algún financiamiento internacional para poder trabajar en la excavación de sitios arqueológicos o finalmente lo hacemos con nuestros propios recursos”, dijo Pereira.

PROYECTO POR TERMINAR EN QUECHISLA

Norma Arroyo y Ana María Colque son dos de las 10 guías preparadas por expertos del Museo de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS) que aún trabajan en el morro de Piñami, barrio Quechisla, en la atención y explicación del valor cultural del montículo a turistas.

Según Arroyo, en este espacio se planea encarar el proyecto del museo comunitario arqueológico de Piñami, que no se ha realizado debido a que una parte del terreno está en proceso de expropiación por parte de la Alcaldía.

La guía manifestó que los demás pobladores del lugar capacitados, con la idea de generar ingresos por el trabajo de guías que realizarían en el lugar, desertaron debido a que esta labor no les da el rédito económico suficiente, por lo que no es un sitio arqueológico visitado constantemente.

“En la época de Urkupiña llegan varios turistas, los estudiantes de colegios de Quillacollo llegan en mayo y septiembre, después usualmente está cerrado. Nosotros nos quedamos por amor al sitio”, explicó.

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